Pilatos, Poncio por más señales, que en latín es Pontius Pilatus y en el latín de nuestra tierra es "el Pilato" vecino de Judea que era una calle que antes se encuadraba entre Marconi y Maldonado -sabes tu que fue a nacer en un mal sitio- era un hombre legal, procurador en su tierra y gran amigo de sus amigos.
Recibió, era por primavera, nuestro amigo Poncio un encargo de su jefe Caifás que no tenía otra cosa que hablar todo el día con los sacerdotes (por aquella época aún no se dedicaban a la copistería y tenían tiempo para otras labores) para que juzgara a un pobre loco que venía diciendo semanas atrás que era hijo de Dios. Menuda papeleta. Como por aquel entonces solo los romanos (si, los de capa roja) podían aplicarle una condena de muerte dejaron en manos de Pilatos toda la decisión del asunto, o lo que viene siendo en nuestra época, dejarle el marrón encima de la mesa.
Pilatos, sereno el, acudió a buscar consejo en los que más confianza tenía. Su familia, sus amigos, sus nobles consejeros ilustres en la docta materia de la filosofía no pudieron ni quisieron darle respuesta definitiva, aunque alguno quisiera por si tener capacidad para condenar al joven loco de ideas absurdas. Por esto, tenía que ser el mismo Poncio con la sabiduría adquirida con los años quien resolviera aquel follón tan grande que se le presentaba.
Recapacitando en su palacio advirtió que no debería ser el mismo quien tuviera que tomar la decisión, total, ¿Qué iba a pasar si todo aquello lo decidían otros? Si, otros, gente que aunque no estuviera tan puesta en la ley romana ni tuvieran grandes conocimientos sobre el caso del pobre loco enviado por Caifás, pudieran emitir un juicio que no manchara su gran trayectoria como prefecto de aquella provincia romana.
Antes de ir a dormir Poncio tras cenar copiosamente junto a su esposa Claudia Prócula (que los ortodoxos si que supieron de que iba la historia y la nombraron Santa ya que si ella hubiera utilizado otras artes no tendríamos la mejor semana del año) comentaban la decisión tomada en aquella tarde que no reescribiría la historia ni ZP. Claudia que no comprendía la decisión tomada por su marido se negó en rotundo a apoyarlo, aunque este fuese solo un apoyo moral, la decisión no se variaría con su enfado.
A la mañana siguiente, cuando le presentaron al loco de Nazaret, Poncio tal como plasmara genialmente Antonio Ciseri se asomó a la balaustrada y dando la espalda al loco azotado le dijo al pueblo de Jerusalen ¿A quién debo liberar al loco o a Barrabás? El gentío que alli se congregaba lidearado por uno de los sumos sacerdotes (y anda que no eran cabrones) movilizaron a las masas (como ZP cuando lo de aquel fatídico 11 de Marzo con lluvia de horror sobre nuestras cabezas) para que que liberaran a Barrabás y el loco fuera condenado a muerte. En aquel momento dicen los que estaban por alli que Pilatos se lavó las manos y desde aquel entonces cada Lunes Santo el Señor del Ecce-Homo sufre la condena mas amarga, la que le dictan aquellos ciudadanos de Jerusalen que no supieron ver en el al Salvador del mundo.
PD: Parafraseando al maestro... "Sabes tu que Pilatos estaba mal orientado en cuestión de calle Oriente" pues eso mismo, sabes tú que yo estaba mal encaminao cuando pensaba y decía...
Esta PD no tiene nada que ver con el texto, pero es del maestro...

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