Un Lunes que termina y un Martes que empieza. Dos caras de una misma moneda reunidas de un solo vistazo en la Iglesia de la Pastora hace poco más de una hora cuando se cerraron las puertas. Mis hermanos del Ecce-Homo con la cara de satisfacción por el trabajo bien realizado y los otros, los del Huerto, con esa expectación interminable como la de aquel niño en la víspera de un día importante.
Han sido algunas horas cirio en mano en las que son muchas las cosas que se vienen a la mente y pocas las que podría llegar a explicar con mis pobres palabras esparcidas sobre este teclado. Otro Lunes más, otro año más, porque mi vida se cuenta por Lunes Santos. Esta noche se ha cumplido otro más, otro sueño más de los que espero me queden por vivir.
Pero lo que está por vivir, lo inminente es este Martes de luz que ha comenzado, menuda contradicción, con el palio de la Virgen de la Salud recibiendo el aroma de los últimos cirios de su candelería apagándose. También en la penumbra encontramos la luz.
El Martes es barrio, el barrio es la Pastora, y el barrio de la Pastora es y será siempre luz. La luz que se refleja en esta mañana en las fachadas, la luz que se dibuja en cada una de sus azoteas ciñéndose a las ropas tendidas por sus vecinos. La luz que cacheará las primeras túnicas de los penitentes verdiblancos al llegar la tarde y se encaminen a las puertas de la Gloria.
La luz, esa luz que cuando el reloj marque las seis y cuarto de la tarde acompañará a una Cruz que quiere hacerse Spinolista en este año de víspera de aniversario. La luz y la plata, esa misma luz y plata que irán marcando el camino durante toda la noche. Esa misma luz, es la luz que se desprende en cada movimiento del palio y es la luz que las bambalinas despiden con su movimiento cantando a la inversa los movimientos de la plata del respiradero.
Ya es Martes Santo y en la oscuridad aún de la noche ya se dibuja la luz que esta tarde llevará un farol al que tanto admiro, o será, seguro estoy de ello, la luz de aquel enciendevelas de la última sección del palio que para esta tarde de Martes ha sacado su papeleta de sitio en el cielo y allí al caer la noche no serán cirios los que encienda sino estrellas al paso de la Virgen de Gracia y Esperanza Coronada por la calle Ancha para culminar tan bella estampa.
Ya es tarde y el cuerpo pide una tregua. Algún día, si me atrevo, intentaré redactar según marca el RAH (Diccionario de la Real Academia de la lengua Hortelana) aquel "Farol de cruz de guía" intentando torpemente, seguro, enmendarle la plana al Maestro.

1 comentario:
Hoy he releído esta entrada de tu blog y solo puedo decirte GRACIAS.
Y a la vez darle las Gracias a Dios cuyo Hijo reza en el Huerto y su Madre es Reina de la Gracia y Esperanza nuestra por dejarme ser hermano del Huerto
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