lunes, 3 de enero de 2011

Presentación del cartel "Hermandad del Huerto"



Presentación del cartel "Hermandad del Huerto" que tuvo lugar en la Parroquia de la Divina Pastora de las Almas el 5 de Marzo de 2010.

Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz.
Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.


Con la venia de todos los presentes y en especial con la de los amigos que me han traído de la mano hasta aquí, y entre ellos, lugar especial siempre para el Maestro, que sin aprendices como él suele decir, sigue siendo un referente cada vez que me pongo delante de un atril, y hoy no podía ser menos.

En primer lugar debo agradecer a mi presentador, Roberto Massó Sánchez, las palabras con las que se ha referido al que hoy les habla, lo que no es otra cosa que la presentación de un completo impresentable. Palabras abrumadoras de tan cordiales, que no representan ni mucho menos a este aprendiz de cofrade al que se le confiere la labor de presentar esta que es la quinta edición del cartel que la hermandad de la Sagrada Oración en el Huerto edita para conmemorar su anual estación de penitencia. De seguro estas se han basado no en la objetividad sino en la buena amistad que a base de años bajo el amparo de esta Parroquia se ha forjado entre nosotros.

También agradecer a nuestro director espiritual aunque no se encuentre ahora mismo entre nosotros, gracias Padre Luis, y en su representación al Padre Martín, su apoyo incondicional a nuestras cofradías. Como ya dije alguna vez, los cofrades necesitamos de nuestros directores espirituales y sacerdotes tanto como ellos necesitan de nosotros los cofrades.

Agradecer seguidamente a esta Junta de Gobierno, y en representación de la misma a su Hermano Mayor, gracias Paco, por la designación como presentador de este cartel, más aún sabiendo que en esta gran familia del Huerto, al igual que los que me precedieron en esta honrosa misión, se cuenta con nombres de mayor calado, mejor verbo y más acertada entonación que la que esta noche os presento. Es para mí todo un orgullo y una verdadera satisfacción. Gracias.

Como satisfacción es hacerlo desde este lugar, pequeño altar, iglesia coqueta, donde comencé hace dos décadas mi devenir en el mundo de las cofradías y donde como sabéis se encuentran mis mayores devociones. A diferencia de estos inicios, hoy al menos, no debo subirme a la pequeña banqueta para que mi voz llegue de forma clara a este micrófono. Algo hemos avanzado.

El último y más hondo de mis agradecimientos no podría ser de otra manera, para el autor de la fotografía que ilustra el cartel. Al que entre tantas y tantas cosas, es mi amigo Andrés Quijano de Benito.

Si algo puedo hoy destacar de Andrés debe ser como no, el inicio de esta amistad que se prolonga en el tiempo y que se asienta en los principios de nuestras cofradías. Debo, porque es de bien nacidos ser agradecidos, y porque mucho tiene que ver con la foto que ilustra el cartel que hoy se presenta.

Corrían los primeros años de este siglo cuando gracias a Internet pude dar con esta gran persona. Aunque no lo crean, las primeras conversaciones no iban encaminadas para nada a lo cofrade. Estas se centraban en el intercambio de fotografías de nuestras generaciones anteriores, los padres de Andrés por un lado y mis abuelos maternos por otro, grandes amigos y compañeros en otro de los pilares básicos de esta Isla ida a menos, el servicio a las labores científicas de nuestra querida Armada española, y además, la labor de difusión de la ciencia desde la Academia de San Romualdo.

En estas conversaciones pude encontrar a un cofrade ejemplar, un fotógrafo que comenzaba en la era digital y un belenista de los que marcan época. Les he dicho que mucho tiene que ver el principio de nuestra amistad con el cartel puesto que la que hoy se presenta es una instantánea tomada desde una de las pequeñas ventanas de la casa de los padres de Andrés en la calle La Herrán, lugar cofrade este por excelencia donde las viandas llegadas de la antigua Gallaecia adquiere distinción de Comandante General con mando en plaza.

Mucho podría contar de quien es el autor de este cartel, pero seguro me quedaría corto y no alcanzaría a valorar en su verdadera magnitud a la persona de la que les hablo. Solo un matiz, que creo que le sorprenderá al que no lo sepa, aunque debo suponer que ya a estas alturas son pocos. Él, junto a unos cuantos belenistas de nuestra ciudad sostienen el que seguro será el proyecto (con permiso de la Procesión Magna) mejor organizado, con mayor participación y de mayor difusión de nuestro San Fernando bicentenario, y que no es otro que el Congreso Nacional de Belenistas en el próximo mes de Octubre. Que tome nota quien quiera, porque falta nos hace.

Gracias también querido Andrés porque sé que tus funciones en este sentido te dejaban hoy a muchos kilómetros de aquí y has querido acompañarnos para la presentación de este cartel, es todo un detalle que no podía dejar de agradecerte.
Y no podría ser de otra persona de la que se tomara una fotografía para un año tan importante como este, porque entre todo lo dicho, Andrés Quijano es también un hermano del Huerto. ¿Hace falta que os diga algo más?

Una vez terminados los agradecimientos pasemos a lo que nos ha traído hasta aquí, la presentación de este cartel anunciador de la salida procesional de la hermandad del Huerto en este 2010.

Debemos aclarar para quien no lo supiera, que este año 2010 aparte de los ya mencionados fastos bicentenarios de las Cortes Constituyentes en San Fernando, tiene en nuestra hermandad del Huerto un carácter especial. No es para menos, ya que celebramos el 175 aniversario del nacimiento del isleño Beato Marcelo Spínola y Maeste que entre otras cosas es Titular de esta corporación. A quien este acontecimiento pueda no llamarle la atención le recomendaría que mirase aunque sea una sola vez la biografía de este insigne cañailla y el programa de actos que esta hermandad ha preparado para celebrar la citada efeméride. Mi enhorabuena desde aquí a los que no ahora, sino años atrás, han potenciado la devoción al Beato Marcelo.
Dentro de lo puramente estético del cartel, como ya hemos descubierto, se encuentra la imagen Titular de esta corporación, Jesús en la Sagrada Oración en el Huerto en un momento de su salida procesional del pasado Martes Santo sobre su portentoso paso dorado. De igual manera, hemos podido descubrir que la instantánea está tomada en la calle La Herrán, justo antes de la confluencia de esta con la calle Real y antes de la continuación del itinerario de la hermandad que lo lleva hacia la Carrera Oficial.

Pero lo que puede llamar la atención o no a los posibles receptores de este cartel es la lección de Teología que en él se fragua. Es la misma lección teológica que nos da la Semana Santa y que algunos aún así, quieren negar.

Sería muy fácil hablar de la majestuosidad de los andares de este paso de misterio, o del rostro tan realista que nos muestra el Titular, o de la marcha que en ese momento se acababa de interpretar (recuerdo perfectamente que era Transitus Domini) por la magnífica agrupación musical que dentro de unos minutos tendremos el placer de escuchar, pero, no es eso lo que verdaderamente nos muestra este cartel ni lo que yo les he venido a contar hoy.

Nuestra Semana Santa, la de nuestras imágenes, la de nuestras cofradías (más que hermandades) adquiere su sentido y significado en la proximidad con la divinidad. Por mucho que nos quieran alejar de este concepto, con teorías y metáforas que nos dejen a Dios como un ser lejano, estos que están aquí están en todo y siguen todo muy de cerca. Esa, esa es la verdadera lección que este cartel nos muestra.

No es solo la cercanía de una mano que se aproxima ante el paso de su Cristo y le ofrece unos pétalos como señal de ofrenda de la devoción popular, ni es un olivo que se cuela en un balcón como llamada definitiva de la primavera.

Es la cercanía en la vida diaria. Jesús de la Oración en el Huerto y su Madre de Gracia y Esperanza Coronada están, como ya he dicho, en todo.

Son los mismos que están en la sala de espera de un hospital y aguardan contigo un feliz desenlace.

Es la compañía en cada instante de tu vida desde una estampita que cogiste en aquel besapié y que ahora duerme entre los pliegos de una vieja cartera.

Es la esperanza en aquellas largas filas de nazarenos sin antifaz que esperan en la cola del paro o el de aquellos que dejan su tiempo en terminar con la pandemia de nuestro siglo, el mortífero mundo de la droga.

Es la entrada de tú casa, es el último adiós de la noche o las gracias por una nueva mañana junto a un despertador.

Es la llegada de un nuevo hortelano al mundo o la unión de sus hermanos para decir el último adiós a quien ya saca papeleta de sitio junto al Altísimo.

Son los que recogen tantas y tantas plegarias cuando esta Iglesia está vacía (porque yo lo he visto) y solo quedáis Ellos y tú.

Son los cientos de besos que esta mañana he podido ver ante Jesús Cautivo y Rescatado o ante Nuestro Padre Jesús de la Misericordia en este primer Viernes de Marzo, muestra inequívoca que Dios está cerca, tan cerca que hasta puedes tocarlo, besarlo, darle gracias. Y esto nada tiene que ver con la idolatría, sino con la verdad que se enmascara detrás de lo que llamamos cofradías y otros ridiculizan llamándole religiosidad popular.

Es por todo esto, y por muchas cosas más que seguro que a mí se me escapan, por todas aquellas historias que cada uno tiene vinculada a estas imágenes por la que este cartel sigue mostrándonos que Dios y su Madre están aquí, próximo a nosotros, son dos vecinos más de este barrio que cada Martes Santo salen junto a nosotros para mostrarle al pueblo isleño lo que somos y creemos.

Pero, nada tendría sentido sin la materia prima de las cofradías, las personas que las conformamos, los cofrades de a pié. No tendría sentido la relación cercana con la divinidad si no tuviéramos a nadie que se acercara, si no diéramos ejemplo de pública comunión en los valores de nuestra Iglesia. Es por tanto, que vosotros, hermanos y devotos de esta cofradía sois y somos su base para existir y su más admirado patrimonio.

Como tampoco tendría sentido nuestra muestra de fe pública si no tuviéramos a quien mostrársela, y como bien sabéis es el Martes Santo cuando esta muestra se hace latente.

El Huerto son sus hermanos, son sus devotos y son…

Son unas pegatinas que anuncian que el final de la espera ha llegado y que una nueva mañana de Martes Santo sobrevuela sobre nuestras emociones.

Son cordones de veneras gastados por el paso de las primaveras y que aguardan otras tantas, tan iguales y distintas a la vez.

Es un farol de guía que ilumina la vuelta de la cofradía y que lo sujeta una mano de quien ha cambiado el blanco de la tiza por el inmaculado de los guantes que sujetan la plata que da luz al símbolo de nuestra fe.

Son capirotes verdes en bandada bajando Marconi que buscan el epicentro de nuestras devociones.

Es la visión de un verde manto cuando ya se pierde bajando la calle Ancha, y los presentes nos quedamos con otro cartel que nos regala la Semana Santa para nuestros sentidos, esa contemplación gloriosa del palio alejándose y la forma en la que se van invirtiendo el orden de los instrumentos que acompañan musicalmente cuando la noche vuelve a deshacerse en saetas y aplausos.

Es como leí hace unos días, la tradición de una madre vistiendo a su hijo para hacer su estación de penitencia.

Son apellidos que se multiplican en una lista de hermanos colocada en la pared de este templo en la mañana del gozo, como la mejor herencia de la familia hortelana.

Es un “buena estación de penitencia hermano” y los abrazos una vez todo se ha terminado y la túnica descansa sobre un frío banco del patio de nuestra iglesia.
Son los tonos de los cirios que del blanco pulcro de la niñez se convierte en los oscuros verdes y morados del peso de la experiencia, porque no es honor ir más cerca del Titular, sino acompañarlo durante todos los días del año.

Es la ronca voz de José Miguel mandando desde el corazón, con palabras que tiñen de hortelanía por los cuatro costaos cada una de los movimientos de la Madre de Dios.

Es el olor de la cera ya gastada de mi palio de la Virgen de la Salud cuando aún los nervios divisan el comienzo de la jornada o el de la cera nueva, fundiéndose, del palio de la Virgen de la Piedad cuando ya todo se ha resuelto en el Huerto más cañailla.

Es la devoción de tocarse con un capirote y demostrar lo importante que es para cada uno vestir esa túnica que no es otra que nuestra propia mortaja teñida de verde y blanco.

Es la Oración en el Huerto en suma. Es porque así lo queréis y lo hacéis todos vosotros, tarde de Martes Santo en la Pastora.

Muchísimas gracias.

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